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Wednesday, December 21, 2016

Nuestro Pan Diario - Una historia personal


Leer: Éxodo 1:22–2:10 | La Biblia en un año: Apocalipsis 12

Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá (Salmo 27:10).

Un bebé con solo unas horas de vida fue dejado en un pesebre de Navidad fuera de una iglesia de Nueva York. Una madre joven y desesperada lo había envuelto para protegerlo del frío y lo dejó donde pudieran verlo. Si nos sentimos tentados a juzgarla, deberíamos, en cambio, dar gracias de que el niño tiene ahora la posibilidad de vivir.

A mí, esto me toca personalmente. Como fui adoptado, no tengo idea de qué circunstancias rodearon mi nacimiento, pero nunca me sentí abandonado. Lo único que sé es esto: tengo dos madres que querían que tuviera una oportunidad en la vida. Una me dio vida a mí; la otra invirtió su vida en mí.

En Éxodo, leemos sobre una madre amorosa en una situación desesperante. Faraón había ordenado asesinar a todos los bebés varones judíos que nacieran (Éxodo 1:22). Entonces, la madre de Moisés lo escondió tanto como pudo. A los tres meses, lo puso en una cesta impermeable en el río Nilo. Si su plan era que una princesa lo rescatara, que creciera en el palacio de Faraón y que, al final, liberara a su pueblo de la esclavitud, funcionó a la perfección.

Cuando una madre desesperada le da una oportunidad a su hijo, Dios puede aprovechar la situación. Él está habituado a hacerlo, y de las formas más creativas imaginables.


Señor, ayúdanos a ayudar a los desesperados y solitarios.

Comparte el amor de Cristo.

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